La
vida da muchas vueltas, nunca sabes a quien te vas a encontrar en la
siguiente esquina, tal vez te preguntes donde esta el amor de tu vida
y te lo cruzas todos los días, quizás busques a esa persona que te
sorprenda y la tienes delante pero no te das ni cuenta. A veces las
cosas pasan cuando menos te lo esperas o como menos te lo imaginas.
Nunca
habría pensado que me enamoraría de una persona que me dobla la
edad, hasta que pasó. Y es que cuando tiene que pasar, es todo tan
fácil, simplemente sucedió sin que me diese cuenta de cómo, cuando
o por qué, ya estaba pensando en él todos los días, se me escapaba
esa sonrisita tonta cuando lo veía y no hacía más que contar las
horas que faltaban para que volviese a aparecer.
Sinceramente
no me costó fijarme en esos ojitos de color verde oscuro, ni en esa
sonrisa cálida y acogedora, o esa tonalidad de piel tan peculiar. La
primera vez que lo vi se me quedo mirando, tal vez fue solo unos
segundos, pero los segundos también dan para mucho, en ese breve
instante pensé -que hombre tan atractivo, si tan solo tuviese un par
de años menos- durante esos segundos pude fijarme en su rostro, ojos
verdes, piel blanca, labios rosados y esa sonrisa radiante. En aquel
momento no le di importancia, hombres guapos puedes ver muchos y mas
cuando trabajas de cara al público. De hecho no solía pensar en
chicos y mucho menos en hombres, estaba demasiado liada ocupándome
de mi mundo, mis tareas, mi futuro, mi familia...
Y
estaba muy tranquila sola, por fin había aprendido a estar conmigo
misma y era una locura meterme en otra relación con lo que me había
costado superar la anterior, después de seis meses había curado las
heridas de mi corazón y había aprendido muchas cosas mientras
reflexionaba sobre lo que pasó, lo último que quería en ese
momento era enamorarme.
Pero
a veces cuando es el momento simplemente pasa, y por mas que quieras
no puedes huir del amor, no puedes evitar pensar en esa persona que
con su mera presencia ya te alegra el día, que con tan solo una
mirada te hace sentir especial, y con una sola sonrisa hacía ti
produce el extraño efecto que hace que te equivoques en una cosa tan
tonta como veinte menos uno son diez-y-nueve, y no treinta-y-nueve.
Sí,
estoy enamorada de aquel hombre que de vez en cuando pasaba por el
bar, se sentaba con sus amigos y que pocas veces habíamos llegado a
hablar de alguna cosa. Esa persona que antes casi ni existía para
mi, ahora es la primera persona en la que pienso al despertar y la
ultima antes de dormir.
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