diumenge, 24 d’agost del 2014

Capítulo 1. Simplemente sucedió


La vida da muchas vueltas, nunca sabes a quien te vas a encontrar en la siguiente esquina, tal vez te preguntes donde esta el amor de tu vida y te lo cruzas todos los días, quizás busques a esa persona que te sorprenda y la tienes delante pero no te das ni cuenta. A veces las cosas pasan cuando menos te lo esperas o como menos te lo imaginas.
Nunca habría pensado que me enamoraría de una persona que me dobla la edad, hasta que pasó. Y es que cuando tiene que pasar, es todo tan fácil, simplemente sucedió sin que me diese cuenta de cómo, cuando o por qué, ya estaba pensando en él todos los días, se me escapaba esa sonrisita tonta cuando lo veía y no hacía más que contar las horas que faltaban para que volviese a aparecer.
Sinceramente no me costó fijarme en esos ojitos de color verde oscuro, ni en esa sonrisa cálida y acogedora, o esa tonalidad de piel tan peculiar. La primera vez que lo vi se me quedo mirando, tal vez fue solo unos segundos, pero los segundos también dan para mucho, en ese breve instante pensé -que hombre tan atractivo, si tan solo tuviese un par de años menos- durante esos segundos pude fijarme en su rostro, ojos verdes, piel blanca, labios rosados y esa sonrisa radiante. En aquel momento no le di importancia, hombres guapos puedes ver muchos y mas cuando trabajas de cara al público. De hecho no solía pensar en chicos y mucho menos en hombres, estaba demasiado liada ocupándome de mi mundo, mis tareas, mi futuro, mi familia...
Y estaba muy tranquila sola, por fin había aprendido a estar conmigo misma y era una locura meterme en otra relación con lo que me había costado superar la anterior, después de seis meses había curado las heridas de mi corazón y había aprendido muchas cosas mientras reflexionaba sobre lo que pasó, lo último que quería en ese momento era enamorarme.
Pero a veces cuando es el momento simplemente pasa, y por mas que quieras no puedes huir del amor, no puedes evitar pensar en esa persona que con su mera presencia ya te alegra el día, que con tan solo una mirada te hace sentir especial, y con una sola sonrisa hacía ti produce el extraño efecto que hace que te equivoques en una cosa tan tonta como veinte menos uno son diez-y-nueve, y no treinta-y-nueve.

Sí, estoy enamorada de aquel hombre que de vez en cuando pasaba por el bar, se sentaba con sus amigos y que pocas veces habíamos llegado a hablar de alguna cosa. Esa persona que antes casi ni existía para mi, ahora es la primera persona en la que pienso al despertar y la ultima antes de dormir.

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